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martes, 30 de marzo de 2010

domingo, 21 de marzo de 2010

MI ANCIANA MADRE HACIENDO GAZPACHO ANDALUZ



Todavía tengo que rectificar la cara. El carrillo derecho me salió demasiado ancho o grueso. Pero, como siempre, el tiempo es escaso.

EN EL PARQUE


Una imagen maternal. Esta vez hice una foto de un parque de Albacete y trabajé con ella. También es de los primeros que hice. Ahora le cambiaría mil cosas, pero lo dejo así porque me gusta ver mis progresos con el paso del tiempo.

sábado, 20 de marzo de 2010

DESDE LA VENTANA DEL DORMITORIO




Este cuadro lo hice hace unos meses. Es la vista que se puede contemplar desde mi habitación. Igualmente, está sin terminar. La minuciosidad de estos trabajos y mis muchas otras obligaciones me impiden rematarlos como quisiera.

UNA CALLE DE MI PUEBLO


Este que aquí ven es un encargo de una calle de mi pueblo. Todavía está sin terminar, pero ya le falta muy poco.
Saludos.

RINCÓN DE LA COCINA



Este es de los primeros que hice. Los bodegones los encuentro adecuados para aprender técnica. Te permiten disponer de los elementos como desees (los peroles no se suelen rebelar ni cansar de posar). Al principio empecé con el pastel. Bastantes de los mejores lo he podido vender.

Saludos.

jueves, 18 de marzo de 2010

MI FACETA DE PINTOR


Hola, amigos. Me presento en mi faceta de pintor. La foto es bastante mala, pero servirá, espero, para que se hagan una idea. Iré colocando mis pinturas de cuando en cuando. O quizá abra otro blog dedicado al arte. El presente cuadro armoniza con el título del blog. Es un homenaje, un brindis a la inteligencia, la cultura y la razón. No está terminado del todo, y ya veremos cuándolo puedo atacarle de nuevo. Espero que les guste.

viernes, 18 de septiembre de 2009

TRÁFICO DE NADERÍAS POSMODERNAS.

Este artículo formará parte de una serie dedicada a radiografiar cómo el relativismo de la progresía igualitarista arrebata la sustancia de todo lo que toca. Es mi intención mostrar la manera en que el relativismo que nos señorea tiende a convertir en nada el arte, la moral, la educación, la filosofía, la economía, la literatura, el idioma, etc. Aquí, para empezar, hablaré de la defunción del arte.


La nada lo invade todo. No crea usted que es un mero juego de palabras o una ocurrencia. No, es la verdad. Sólo hay que posar la mirada sobre cualquier aspecto de la realidad circundante para comprobarlo. El relativismo de la posmodernidad es la chistera en cuyo interior las cosas con sustancia se transmutan en nada. Es la batidora eléctrica que reduce a papilla subjetiva cualquier pieza sólida construida por la razón secular. Pondremos algunos ejemplos para aclarar estas palabras. Piense el lector en ejemplos de arte plástico. El abanico de posibilidades es enorme. Quizá tenga en mente a Leonardo da Vinci, Velázquez, Picasso… O quizá se le venga a las meninges la última exposición de arte moderno a que asistió, donde, a precio de oro blanco, se exhibían piezas tan esotéricas como un grifo ordinario de agua corriente, una magnífica plancha de hierro atravesada por cuchillos ensangrentados, un mamotreto informe de hormigón colgando del techo y demás lindezas por el estilo. Hasta es posible que el portero sea, en realidad, una pieza de arte más, allí posado por convenio venal con el artista.

Porque, en definitiva, ¿qué es arte? Otrora era lo que conseguía deleitar los sentidos por su factura extraordinaria. Hoy, ciertamente, también las facturas son extraordinarias, pero no conmueven tanto los sentidos del espectador como las carteras de los licitadores. Devánese usted los sesos y dígame, más bien, qué no es arte. Lo tendrá difícil, pues todo lo puede ser a condición de que se advierta a los demás de ello: “señores este bolígrafo corriente y moliente es una obra de arte, pues lo digo yo, que soy artista por inapelable decreto de mi voluntad.” Pero usted, amigo lector, protestará: “Hombre, pero si todo es arte o susceptible de adquirir dicha categoría, entonces nada es arte”. Bueno, ¿y qué quiere usted, señor mío? ¿Acaso desea usted reinstaurar un régimen clasista en que no todo el mundo pueda aspirar a llamarse artista? ¿Acaso pretende usted que vuelvan los tiempos en que las artes encandilaban por su belleza? No venga con la inquisición excluyente del mérito y la valía, por favor. No fastidie. No quiera abolir las hiperdemocráticas leyes del “todo vale” posmoderno.

¿Pero cómo es posible que los pujadores de arte lleguen a pagar desorbitadas cantidades de dinero por quisicosas y bagatelas? Esto no es difícil de entender: el tráfico monetario, “especulativo”, respecto del arte moderno es la única manera de prestigiar lo que, de por sí, carece de mérito. Se trata de fingir que tiene valor lo que carece de él. Pagar un millón de euros por un lienzo que un niño de párvulos podría pintar es como decir: “si pago tanto por esto es porque lo vale”. No es ya eso de: “pago mucho por este lienzo porque vale mucho” sino “vale mucho porque por él pago mucho”. La fórmula relativista permite elevar a regio trono el sueño igualitarista de la progresía ultracorrecta. Triunfo, por tanto, de las huestes del vacío: como todo es arte, nada es arte.